Con el pasado limpio

Fecha: 2026-07-20

Bíblico: “Y decían el uno al otro: Verdaderamente hemos pecado contra nuestro hermano, pues vimos la angustia de su alma cuando nos rogaba, y no le escuchamos; por eso ha venido sobre nosotros esta angustia”. (Génesis 42:21)

Complementario: Génesis 42:1-22

Devocional: Cuando José gobernaba en Egipto, sabemos que sus primeros siete años se dedicó a provisionar y almacenar el alimento para cuando llegaran los años de escasez, los cuales causaron una situación tan crítica, que afirma la Biblia, que había hambre en toda la tierra. Y esta crisis también tocó a la familia de Jacob, quien al enterarse de que Egipto era el único lugar donde había alimentos, decide enviar a sus hijos para comprar provisiones. Recordemos que todos los que querían alimentos tenían que comprárselos a José, el administrador en jefe; pero habían pasado más de 20 años y, por supuesto, José había cambiado, por lo que sus hermanos no lo reconocieron. Para ellos era el gobernador de Egipto y así lo trataron; se inclinaron ante él, con el rostro a tierra, y aunque José sí los reconoció, les habló ásperamente y los trató como a extraños, e incluso, los trató como a espías, para retenerlos y obtener información de Jacob, su padre, y Benjamín, su hermano menor. Pasados tres días José les exige que vayan a llevar alimento a su casa, pero también les dijo que debían dejar a uno como rehén, hasta que regresaran con su hermano menor, como prueba de que estaban diciendo la verdad. En medio de esta situación, hablaron entre sí en su lengua, decían que estaban viviendo esa situación como consecuencia del pecado cometido contra su hermano, pues a pesar de que vieron su gran angustia y sus ruegos, no lo escucharon. Ellos pensaban que José no les entendía, pero por supuesto que lo hacía. Estaba totalmente afectado por sus palabras, al punto que tuvo que apartarse para llorar. Los hermanos de José estaban ahí, 20 años después preguntándose si tal vez el mal que estaban pasando y el que veían tenía que ver con el daño que habían hecho a su hermano. Ellos afirman: “verdaderamente hemos pecado”. Hasta hace poco todo estaba normal por su casa y parecía el crimen perfecto, pero de un momento a otro todo se transformó para mal, toda su familia estaba viéndose implicada en una situación que podía terminar muy mal para todos, y es en este momento en el que se acuerdan del daño que habían hecho a su hermano menor, José. Es importante que hoy hagamos una evaluación de nuestras vidas y nos preguntemos si tenemos secretos guardados que todavía procuramos que nadie sepa, o alguna culpa con la que todavía estemos cargando por algún daño que le hayamos hecho a alguien. No podemos esperar que la vida nos ponga entre la espada y la pared para aceptar nuestros errores. Nuestro pasado no puede representar un miedo constante de que la verdad salga a luz, sino más bien debemos buscar con el Señor la manera de enmendar o restituir cuando sea posible, para tener la conciencia tranquila delante de Él y delante de los hombres.

Oremos: "Señor y Dios, gracias por redargüir mi corazón. Hay cosas en mi vida que he tratado de ignorar, pero hoy ya no quiero ocultar más mis errores del pasado, es el momento de dejar atrás todas mis culpas. Reconozco que he hecho mal y quiero actuar libremente delante de ti y de los hombres. Con mis labios confieso mi pecado y tomo la decisión de apropiarme de tu perdón, porque sé que tu sangre me cubre y decido también pedir perdón a quien he dañado. Me voy a presentar sin orgullo en mi corazón, porque yo quiero ser libre y no quiero vivir de esta manera".