El reposo y el emprendimiento

Fecha: 2026-09-07

Bíblico: “Fueron, pues, acabados los cielos y la tierra, y todo el ejército de ellos. Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo”. (Génesis 2:1-2)

Complementario: Génesis 2:3; Éxodo 20:10-11; Marcos 2:27; Isaías 43:21

Devocional: Después de que el Señor terminó su obra, decidió que era hora de reposar, pero debemos tener en cuenta que ese reposo lo llevó a cabo después de “acabar” su obra. Dentro del emprendimiento, es necesario que Dios sea nuestro molde, modelo y ejemplo, y por supuesto en cuanto al reposo, también debemos imitarlo, lo que quiere decir que nosotros reposamos cuando la obra que nos propusimos realizar ya está acabada. Día a día debemos avanzar conforme a las metas propuestas, experimentando al final de cada jornada que lo que hemos hecho fue bueno, pero cuando llega el día señalado para terminar la obra es necesario que nos preguntemos: ¿hemos acabado la obra que nos propusimos realizar? Si la respuesta es sí, entonces efectivamente podremos reposar, ese es el sentido del reposo. Ahora, el reposo obviamente es necesario. Muchas veces se piensa que el reposo del Señor se dio después de seis días de trabajo, así no más, pero no fue ese el parámetro, sino que se dio después de acabar la obra que había determinado hacer. Así mismo, cuando estamos emprendiendo, debemos acabar la obra por completo en el tiempo señalado, y acabarla bien. Así nos lo deja claro el Señor en Éxodo 20:9: “Seis días trabajarás, y harás toda tu obra”. Nuevamente nos dice que debemos trabajar y hacer “toda” la obra que nos hayamos propuesto hacer. Dios bendijo el día de reposo y lo santificó, y aunque obviamente es para Él, fue hecho a causa de nosotros. En otras palabras, aunque el centro del asunto es Dios, tiene que ver literalmente con el hombre, tal como lo afirma el Señor en Marcos 2:27: “También les dijo: El día de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo”. O sea que primero fue creado el hombre y después el día de reposo, porque el hombre lo necesitaba. Por eso no se puede asumir como una tradición, costumbre, o imposición, tal como lo vivían los fariseos, sino como una bendición, porque Dios mismo bendijo este día. Cuando emprendemos necesitamos el reposo que viene de Dios. Solo Él nos dará la fortaleza, el vigor y la sabiduría para que cada día cumplamos las metas propuestas, y para que cada semana podamos acabar la obra que nos hemos propuesto hacer.

Oremos: "Padre, tú eres mi paz, mi sosiego y mi reposo. Ya me has hecho comprender que debo poner en tus manos mis planes y proyectos, y por eso necesito que me enseñes a preguntarme cada semana si he acabado la obra que me propuse realizar y que tú me dijiste que hiciese, en lo relacionado con mi emprendimiento, pero también en lo que tiene que ver con mi familia y mi ministerio. Quiero hacer lo que me corresponde cada semana sin dilatarlo. Ayúdame Señor para que todo lo que haga cada día sea bueno, para así acabar a lo largo de toda la semana, y de esta manera reposar, hallar refrigerio y descanso para estar preparado para la siguiente semana que he de iniciar. Te entrego a ti mi vida, te entrego mi ser, mis planes y mis sueños".