
La oración es la respuesta
Fecha: 2026-03-06
Bíblico: “También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar”. (Lucas 18:1)
Complementario: Santiago 5:13; Lucas 18:2-8
Devocional: La oración es fundamental e importante, y entender cómo debemos hacerla marca la diferencia en la búsqueda de Dios. Hemos aprendido que orar es hablar con Dios, pero no podemos olvidar que la oración siempre debe estar acompañada de la Palabra de Dios. La oración es un estilo de vida en cada hijo de Dios, no es algo que compete solo a las mujeres, ya que el hombre es el líder espiritual de la familia cuando así se ha consagrado a Dios. Qué importante es que nosotros constantemente estemos en oración con Dios. Lucas 18 nos habla de la necesidad de la oración, la cual vemos como aquel medio por el cual obtendremos una respuesta, pero en sí esta es la respuesta misma. Cuando elevamos nuestra oración a Él y le oímos, no podemos levantarnos igual; por lo tanto, hasta ese momento llega nuestra aflicción porque se la hemos entregado al Señor, siendo Cristo quien murió en la cruz por ella. Cada uno de nosotros tenemos que hacer oración, a veces le decimos a otros: “Hagan oración por mí, porque estoy afligido”, eso puede estar bien, pero si nosotros no nos acercamos a Dios, y nos comunicamos directamente, si no tenemos intimidad con Él, no pasará nada con nuestra aflicción, terminará empeorando. Orar es una decisión personal que debemos tener siempre en nuestra vida, hacerlo de día y de noche, de continuo, siempre y sin cesar, tal como lo entendemos en Lucas 18: “orad en todo momento”. Si tenemos aflicción y no oramos a Dios, ¿qué nos puede suceder? Pues nos sumimos en ella, luego viene la tristeza, la depresión y no podremos salir de allí, por lo tanto, en el momento en el cual tengamos aflicción en el alma, debemos elevarle eso al espíritu, comunicarnos con Dios a través de la oración y entregársela a Él, para que su respuesta llegue hasta mi aflicción y esta sea quitada y nosotros seamos tratados y renovados, para así seguir adelante.
Oremos: "Espíritu Santo, tú que eres mi consolador, hoy te presento mi aflicción, te la entrego, no importa cuánto tiempo llevo en este estado, pues ya se ha convertido en un estilo de vida. Pero hoy decido y te pido que trates mi vida, que seas tú quitando toda aflicción, para que yo pueda continuar. Hoy decido creer que tú, Señor Jesucristo, ya moriste por esto, que ya quedó en la cruz, pues esta aflicción no resucitó sino murió allí. Gracias Señor por todo lo que tú haces en mi vida".

