Aflicción y alegría

Fecha: 2026-03-07

Bíblico: "¿Está alguno entre vosotros afligido? Haga oración. ¿Está alguno alegre? Cante alabanzas". (Santiago 5:13)

Complementario: Santiago 5:7; Salmos 50:15

Devocional: De la misma manera que la paciencia es la característica del labrador, así lo es la oración. Santiago 5 nos sigue hablando del labrador y en el versículo 13 nos dice: “¿Está alguno entre vosotros afligido? Haga oración. ¿Está alguno alegre? Cante alabanzas”. Recordemos que el labrador llora, vive aflicción desde que siembra, pero al recoger el precioso fruto lo hace con regocijo. Podemos evidenciar la condición de los dos momentos: la aflicción y la alegría. Nosotros somos seres tridimensionales, es decir, tenemos tres áreas en nuestro ser: espíritu, alma y cuerpo. Con el espíritu nos relacionamos con Dios, el alma nos relaciona con otras personas y el cuerpo nos permite hacerlo con el ambiente, con el entorno físico en el cual nos hallamos. Cada una de estas áreas tiene necesidades, pero también nos permite manifestarnos de diferentes maneras. Santiago 5:13 dice: ¿Está alguno entre vosotros afligido? Haga oración. ¿Está alguno alegre? Cante alabanzas. Recordemos que en el espíritu cuando nos relacionamos con Dios hay dos puntos importantes: “está alguno afligido, o está alguno alegre”. Frente al primero nos dice que haga oración, y en el segundo, que cante alabanzas. Ambos tienen que ver con Dios. ¿Nosotros con quien hablamos?, con Dios; ¿a quién dirigimos nuestra oración?, a Dios; ¿a quién cantamos alabanzas?, a Dios. Por lo tanto, estamos hablando del área espiritual. Otro tipo de aflicción es la que proviene del pecado, porque nos dice: “Si hubiere cometido pecados le serán perdonados”. El labrador no deja que el pecado lo detenga en su caminar, ni en su heredad; busca a Dios, ora eficazmente y como consecuencia vive el perdón, porque recibe la salvación para levantarse de cualquier estado de enfermedad, de la manera como Jesús lo hizo con el paralítico cuando lo primero que le dijo fue: “Tus pecados te son perdonados”, e inmediatamente después, “levántate y anda”. La aflicción y la alegría, pese a que son dos temas totalmente opuestos, podemos vivirlos en nuestro espíritu. Aunque es en el alma donde se encuentra nuestra área emocional, esta se comunica con el espíritu y, por lo tanto, por medio de ese puente que hay entre el espíritu y el alma, se relaciona también con Dios. Por eso la Palabra de Dios nos invita a orar sin cesar, haciendo oraciones en el espíritu, aquellas que pueden y hacen que las cosas se hagan y sucedan. Esta es la oración eficaz del escogido, del labrador, del justo.

Oremos: "Dios eterno, gracias porque tú eres mi respuesta en medio de mi aflicción, y en medio de mí alegría, tú eres la alabanza que está en mi boca. Por esto yo quiero siempre acercarme a ti, quiero mantener mi corazón guardado, cantando alabanza, humillándome delante de ti, para no hacerlo ante los hombres. Gracias Dios por tu bendición y tu protección sobre mi vida y la vida de todo tu pueblo".