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16 mayo, 2025Enfoca la cámara, ajusta el filtro, busca el mejor ángulo y ¡Sonríe! Luego revisas la imagen: color, posición, fondo, asegurándote de que todo esté en orden, y listo, la selfie perfecta. ¿La publicas? ¿Y qué viene? ¿Qué esperas? Lee, podrás identificarte con esto.
Enfoca la cámara, ajusta el filtro, busca el mejor ángulo… ¡Sonríe! Luego revisas la imagen: color, posición, fondo, asegurándote de que todo esté en orden. La selfie perfecta. La publicas. Llegan los likes, deditos arriba, los comentarios, buenos y malos. Todo esto alegra el corazón momentáneamente, pero se vuelve necesario repetirlo una y otra vez. ¿Te has preguntado si hay alguien que se fija en el trasfondo de la fotografía? Tal vez la compartes para mostrar que tu vida va bien, para transmitir sensualidad, para inspirar deseo, etc.; hay muchas razones para hacerlo, pero ¿quién ve lo profundo de esa imagen?

El Manual de la Vida nos enseña que los ojos son el espejo del alma y que un corazón alegre hermosea el rostro. El corazón es el lugar donde se guardan todos los recuerdos, tanto conscientes como inconscientes, incluso aquellos que sucedieron cuando estábamos en el vientre materno. Allí se esconden las heridas del alma, las palabras que dolieron, los actos que dañaron nuestra autoimagen, como el abuso sexual, entre otros..
Estos momentos afectan nuestra vida y nos llevan a desarrollar patrones de comportamiento que se hacen evidentes en nuestra relación con nosotros mismos y con los demás.
El alma es una de las áreas inmateriales de nuestro ser, con funciones como la mente (pensamientos), la voluntad (capacidad de decidir) y las emociones (sentimientos). Estas son dirigidas y condicionadas por lo que se encuentra almacenado en el corazón.
Un encuentro personal con aquel que dijo: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”, Jesucristo, nos lleva a comprender esos sentimientos ocultos en el corazón y nos permite adentrarnos en el plano de lo inmaterial. Este encuentro, además, nos ayuda a descubrir nuestra verdadera identidad. Esto le sucedió a la mujer samaritana (Juan 4). Al hablar de algo tan sencillo como el agua, terminó diciendo: “He encontrado a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho”. Estas palabras liberaron su alma de la necesidad de afecto que la había llevado, en el pasado, a tener múltiples relaciones con diferentes hombres.

Es comprensible que esta mujer buscara aceptación y apoyo emocional a través de esos vínculos afectivos. Sin embargo, en su diálogo con el Mesías, descubrió que era valiosa y se encaminó a cumplir su propósito de vida: ayudar a otros a encontrarle sentido a su existencia.
Ella recibió vida en su área espiritual y disfrutó de una renovada comunicación con su Creador y dador de vida.
Encontrarnos con Jesús, quien ve lo profundo del corazón, nos trae libertad y seguridad para alcanzar nuestros anhelos. Nunca más estaríamos expuestos al desgaste de relaciones superficiales para llenar vacíos emocionales. Con Él, encontramos sentido de vida y dignidad.
Volviendo a nuestra selfie perfecta, significa hallar el ángulo adecuado para proyectar la mejor imagen y vernos como Dios nos ha visto desde la creación.
La Teoterapia es el tratamiento que Dios hace en la vida de las personas. Si deseas profundizar en este tema del perfecto amor, te recomiendo el libro “La Teoterapia del Amor” del Dr. Néstor Chamorro Pesantes, publicado por Editorial Publimundo.
Diana Lucía Zuluaga
MP

