
EL DOFA APLICADO AL CRECIMIENTO PERSONAL
24 junio, 2025Hay un gran vacío en nuestra educación tradicional: la educación de las emociones. Necesitamos aprender a identificar y comprender nuestras emociones reconociendo sus causas y efectos; y lo más importante aprender a gestionarlas y expresarlas de manera saludable. Solo así podremos comprender las emociones de los demás.
Etimológicamente, la palabra emoción proviene del latín “motere” significa “estar en movimiento” o “un impulso que genera una tendencia a la acción”. Es decir, una reacción a un estímulo evento o situación.
En este panorama necesitamos entender, en primer lugar, qué papel cumplen nuestras emociones, y, en segundo lugar, la necesidad de asumir nuestra responsabilidad, para no caer en la victimización ni el caos emocional.
En sí mismas, las emociones no son buenas o malas, simplemente, son y cumplen tres funciones claves:
- Adaptativa: nos informan para tomar decisiones que nos permitan adaptarnos a las situaciones
- Comunicativa: Nos ayudan a expresar a otros lo que sentimos
- Motivacional: Nos preparan y motivan para la acción

Ejemplo: el enojo ayuda a poner límites y la tristeza favorece la reflexión sobre las experiencias
Nuestra educación emocional comienza conociendo nuestro diseño a la luz de la Palabra de Dios. Él nos ha creado como personas, a Su imagen y semejanza, y en nuestra dimensión psicológica (alma) nos creó con mente, sentimientos y voluntad. “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo” (1 Tesalonicenses 5:23)
En su diseño original, el hombre disfrutaba de una plena relación con Dios, y experimentaba un equilibrio armónico en sus tres dimensiones: espíritu, alma y cuerpo. Luego de la caída, al rebelarse el hombre contra Dios, muere espiritualmente, y queda viviendo con dos de sus tres dimensiones (el alma y el cuerpo). En esta nueva realidad, el alma intenta sustituir lo que recibía de Dios a través del espíritu; lo que genera una descompensación que le lleva al desajuste y al desequilibrio.
Al recibir a Cristo como Señor y Salvador y caminar por fe rindiendo constantemente el gobierno de su ser a Él y a Su Palabra, desde su interior, recupera y mantiene el equilibrio emocional.
Por eso es necesario perder el control, para que teniendo acceso a nuestra nueva identidad y herencia como hijos de Dios nuestra alma sea gobernada desde el interior, por medio de Su Santo Espíritu.

Ahora Él nos capacita para vivir una vida alineada con Su voluntad, aprendiendo a caminar ya no bajo el control de nuestras emociones, sino bajo Su guía y Su poder. “Así que, si el Hijo los hace libres, ustedes son verdaderamente libres.” (Juan 8:36 NTV)
En la ciudad de Bogotá, y otras ciudades de Colombia, Ecuador, Perú y más países del mundo, aún queda por realizarse el evento de cierre de PERDIENDO EL CONTROL. En @mundo_pec tendrás toda la información. Ahí puedes seguirnos para aprender más acerca del control de nuestras emociones.

