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20 junio, 2025Vestirse como a cada cual le gusta pareciera ser un derecho en el que no debería incurrir nadie. Claro está que esto va hasta donde empieza el derecho del otro, como todo. Pero esto, pensado de manera inocente, se convierte en una herramienta camuflada de cohesión a ideologías de género si resulta algo descarriado.
Ya hemos tenido que aguantar publicidades de dizque grandes diseñadores, donde se promueve la pederastia, el abuso, los mensajes oscuros, la hipersexualización, etc., para ahora tenernos que someter a que nos transmitan —con el ánimo de imponernos— una moda que no define líneas, que no resalta bellezas. Elementos que dizque combinan las características femeninas y masculinas, que al final no son nada: ni para el uno ni para el otro… pero ¿sí para todos?

Algo que resulta truculento es que ya comenzó a surgir en muchas instituciones educativas la imposición —por regla y manual de convivencia, y en pleno año escolar— de que esta sea la normativa en materia de uniformes, debiendo todos los alumnos ir a estudiar, valga el énfasis: todos los días, en sudadera, es decir, uniforme de deportes del colegio, eliminando cualquier “riesgo de falda”; según la institución, por un tema de inclusión. Argumentaban que “en el colegio podrían existir niñas que no se sintieran cómodas con su jumper” (vestido de falda), porque, nuevamente según las directivas, “los avances de la sociedad marcan tendencias sobre estas formas, y los colegios deben estar a la vanguardia de la inclusión”.
Me pregunto: y si en los colegios hay alumnos con dificultades visuales o con discapacidades, ¿deberíamos implementar para todos la silla de ruedas, los bastones, los audífonos? O, si hay estudiantes con algún tipo de alergia al hilo o a la tela sintética, ¿deberían todos tener uniformes de lana? Pues esto también es inclusión, y seguro, más necesaria.
Ahora, si de inclusión se trata, ¿por qué no se implementa como obligación que todos vayan con gafas? Pues hay algunos estudiantes que tienen formulados lentes para ver correctamente y se sentirían muy mal usándolos cuando no todos los tienen.
¡¡Suena absurdo!! ¿Verdad? Y es que, ¿por qué vamos a volver una medida que podría ser necesaria para algunos, algo común e incluso obligatorio para todos…? ¿Por qué vamos a quitarle a las niñas la posibilidad de lucir una falda simplemente porque esto, dizque, genera incomodidad a otra niña que tiene disforia de género? (Diagnóstico psiquiátrico o malestar psicológico donde la persona tiene la sensación de incomodidad o angustia cuando su sexo difiere de su percepción del mismo). ¿Se le solucionará su necesidad? ¿Por qué queremos generalizar e hipersexualizar prendas que son absolutamente normales dentro de nuestra cultura, formas y estilos de vestuario…? Pero, además, ¿por qué queremos, de un tajo, hacer normativa la moda andrógina, que es un estilo que borra o difumina las líneas entre las prendas de sexo masculino y femenino, como si tanto niñas como hombres no tuvieran también el derecho de lucir ropa característica de su sexualidad, con la cual no solo se sienten cómodos e identificados, sino que también resaltan sus cualidades y características?

¿Esto, en verdad, es ser modernos? ¿O más bien es querer que todo el mundo luzca como desean unos pocos, para justificar sus desajustes de percepción e incluso volverlos un deber ser para otros? ¿Esto es adentrarnos en las nuevas estructuras educativas que nos van a regir muy pronto? ¿O querer dirigir la forma de pensar, percibir e identificarse de la mayoría frente a su sexualidad?
¿Esta moda sin identidad de género existe por la inocencia del arte o por el simple deseo del mercadeo de vender más a un público que, si bien va en franco crecimiento debido a toda la promoción…?
¿Será que en la ideología de género no se llega a cifras que sean representativas en las ventas? Sin embargo, y dando una mirada a internet, encuentra uno a artistas orientales por doquier, y a muchísimos de estas latitudes, metidos de lleno en esta moda donde difícilmente se identifica si la persona es hombre o mujer.
Ahora, pongámoslo en términos de comprender las necesidades de algunos: pues que cada quien se vista como quiera, pero ¿por qué obligar a todos?
La Biblia me habla de la “corriente de este mundo…” como aquello que parte de unas premisas muy erradas y que necesariamente termina en conclusiones peores, que van contra la calidad, realización y vida abundante del ser humano…
Es fundamental que los padres tengan criterios muy claros y sepan transmitírselos a sus hijos. Sé que “la moda es moda”, pero es muy posible que la moda andrógina sea mucho más que una moda, y pretenda promover, normalizar y establecer formas muy diferentes a la verdad reflejada en cada vida.
Recomendamos el libro del Dr. Néstor Chamorro, Una identidad Con Sentido, donde el autor nos invita a evaluar el grado de plenitud y satisfacción que estamos alcanzando, y nos invita a hacer un alto para reflexionar, sobre lo que vivimos en la tierra como aquello que tiene un propósito definido que no se puede repetir, ni ignorar.
Manuel Alfonso Ossa
Misionero

