¿DÓNDE ENCONTRAR LO PERDIDO?

Hablar del duelo es necesario, aunque no se quiera. Debe ser una experiencia compartida, acompañada y respetada. Nunca lo pensamos porque no queremos que llegue ese momento ¿Y si llega?

Los seres humanos, en todas las latitudes, estamos abocados a las pérdidas: un ser querido, un negocio, la salud, el empleo, una mascota, etc. La manera de afrontar estas pérdidas ofrece una infinidad de opciones. Muchos optan por el acompañamiento psicológico, otros por desarrollar sus dones y talentos; algunos se sumen en la tristeza y no aceptan ayuda, mientras que otros renuncian a seguir adelante. Todo depende de cómo se gestionan las emociones.
El duelo es la reacción normal ante la pérdida. Cuando se habla de pérdidas, especialmente las relacionadas con una persona, es una experiencia que necesita ser compartida, acompañada y respetada. Como doliente, es normal necesitar saber que el dolor tiene un impacto en los demás. Por ello, quienes han sufrido una pérdida suelen valorar profundamente la presencia y el apoyo de las personas que los aprecian. El apoyo emocional recibido en estos primeros momentos es fundamental.
Es importante considerar que, ante el duelo, influyen factores como la personalidad, la psique de la persona, su historia, sus experiencias de vida y su sistema de afrontamiento. Más allá de las circunstancias de la pérdida, estos aspectos determinarán cómo se asimila el duelo. Es necesario permitir que la persona sienta el dolor y todas las emociones que conlleva. Aceptar que ese ser amado o condición ya no está y que la pérdida es irreversible es un paso inicial crucial en el proceso de fortalecimiento.

Una de las terapias más restauradoras ante el impacto de la pérdida es el encuentro con la verdad de la Palabra de Dios:
“Cuando pasa por el valle de las lágrimas, lo convierte en región de manantiales; también las lluvias tempranas cubren de bendiciones el valle. Según avanzan los peregrinos, cobran más fuerzas, hasta que contemplan a Dios en Sión.”
Salmos 84:6-7 (NVI)
Este pasaje nos muestra cómo una situación dolorosa, que nos lleva a derramar lágrimas, puede ser transformada en un manantial de renovación. El duelo puede convertirse en una oportunidad para abrir nuevas puertas y alcanzar nuevos horizontes de vida: retomar un proyecto olvidado, desarrollar un talento que no se ha ejercitado por falta de tiempo, explorar nuevas actividades, conocer gente o aventurarse en caminos que antes parecían inalcanzables por temor a afectar la estabilidad que brinda el ser querido o la condición perdida.
Interiorizar la Palabra de Dios llena el corazón de esperanza y permite vislumbrar nuevas oportunidades. Es confiar en que siempre habrá una nueva manera de vivir la vida. Es encontrar la compañía perfecta en el amor de Dios, dejar que sus enseñanzas den sentido y realización al corazón, y tener la certeza de que su amor incondicional nunca faltará y nunca nos abandonará.
Recomiendo el libro Una identidad con sentido, de la editorial Publimundo, escrito por el Dr. Néstor Chamorro. En esta obra, el autor nos invita a evaluar el grado de plenitud y satisfacción que estamos alcanzando. Nos insta a hacer una pausa para reflexionar, pues, además de la vida eterna que tenemos como hijos de Dios, los años que vivimos en la Tierra tienen un propósito único que no puede repetirse ni ignorarse.
Diana Lucía Zuluaga G.